Ya no nos vamos a quedar en silencio

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Hoy me levanté cansada. Cansada de este gobierno que lleva menos de 5 meses y que ya causó más desastres de los que pensé que eran posibles. Empezaron su mandato con una fiesta que costó 60 millones de pesos, señal del despilfarro que iban a hacer con nuestra plata, le dieron asilo a Evo Morales y siguieron con una Ley de “Solidaridad” donde establecieron en simultáneo 9 emergencias, aumentaron retenciones y bienes personales, fijaron un impuesto sobre el dólar y, como si todo eso fuera poco, suspendieron la movilidad jubilatoria, cuando Alberto Fernández había prometido -en Julio- un aumento del 20%.

El año arrancó con las fuentes de Plaza de Mayo teñidas de rojo, simbolizando la sangre derramada por la muerte de Nisman, y una marcha bajo el lema “No fue suicidio, fue magnicidio”. Siguió con la derogación de protocolos de seguridad establecidos en la gestión anterior, las designaciones de Aníbal Ibarra y Aníbal Fernández, Ginés diciéndonos que “no hay ninguna posibilidad de que exista coronavirus en Argentina”, el lenguaje inclusivo en PAMI y el secuestro en México de una tonelada de cocaína proveniente de nuestro país. En febrero tuvimos a un ex empleado de Mayra Mendoza golpeado y violado, quisieron capacitar jubilados para controlar precios, designaron a la esposa de Baradel a un cargo en PBA y encima Kicillof decidió no pagar el retroactivo a los docentes. Además, eliminaron el requisito de presentación del certificado de alumno regular para el cobro de asignaciones por ayuda escolar y pusieron a un #Diputrucho para tener quórum.

En el inicio del tercer mes vimos una apertura de sesiones con la plaza vacía y a Massa mascando chicle mientras izaba la bandera argentina, y también tuvimos el lujo de ver la liberación de Julio de Vido, uno de los funcionarios más corruptos del kirchnerismo. Tuvimos la marcha contra la intervención de la Justicia de Jujuy, y pocos días después vimos el cierre del Congreso y de la Argentina: establecieron la cuarentena obligatoria. Para terminar el primer trimestre, tiraron a la basura 7.2 millones de pesos para pagarle a artistas que nos digan que nos quedemos en nuestra casa, y Alberto nos mandó a tomar alguna bebida caliente. El mes pasado arrancó con un gobierno de científicos exponiendo a miles de jubilados que salieron a acampar en una noche fría para cobrar un mísero haber. Abril también nos dió la excelente decisión de Violini: entregar celulares a los presos de PBA. La historia terminó con una diputada hostigada y el planeamiento de un motín. Vimos la domiciliaria a D’Elia y Boudou, pero no fueron los únicos beneficiados: desde ese momento empezaron a conceder domiciliarias a mansalva con la excusa del virus chino. ¿Les parece poco? Tuvimos teletongo, sobreprecios y el show del presidente: trató de “gordito lechoso” a un periodista opositor, puso filminas en sus conferencias, le pidió a los más chiquitos que le sigan mandando dibujos y dejó en evidencia que no es bueno en geografía.

En los párrafos anteriores nombré sólo algunas de las cosas que hicieron en menos de 5 meses, imagínense lo que nos queda para los próximos 43. La conclusión es fácil y obvia: volvieron por todo. Por las cajas y por la impunidad – la propia, la de sus amigos y sus votantes-. Mientras Cafiero nieto dice que los políticos no van a recortarse los sueldos porque siguen trabajando, hay miles de familias y empresas que se están fundiendo porque no pueden hacerlo hace más de 40 días. Nosotros no podemos seguir el mismo camino que el periodismo, que está callado, sino todo lo contrario: tenemos que expresarnos en todos los lugares posibles. Expresar nuestro descontento y que de una vez los políticos escuchen los reclamos de una población que ya no está dormida.

Por eso, no nos quedemos callados ante los atropellos. Por ejemplo, este jueves 7 de mayo vamos a hacer ruido. Mucho ruido. Nos ponemos nuestros barbijos y agarramos la cacerola: salimos al balcón, a la vereda o a la esquina de nuestras casas y nos hacemos escuchar. Porque ya no nos vamos a quedar en silencio.

 

Por Micaela Perez Lindo